Hace algunas semanas llegó a la pantalla de mi ordenador una agradable noticia que me trajo algunos recuerdos de mi época de estudiante, cuando hacía malabarismos para compaginar mis escritos con las horas de estudio (por supuesto, siempre salían ganando los primeros). Por aquel entonces, empezaba a buscar la manera de salir de mi cascarón literario. Siempre he sido muy tímida y no iba a ser menos en lo que a las letras se refiere. Así que tras años de amontonar historias en los cajones de mi escritorio, decidí probar suerte en un concurso literario. De hecho, fue mi primer y último concurso literario hasta el día de hoy.
Me recuerdo sentada en los bancos de la facultad, esperando la hora para entrar en clase, buscando entre las páginas de la gaceta universitaria la sección de certámenes y premios donde, a veces, algún certamen literario me animaba a imaginar un libro con mi nombre en la solapa.
No sé cómo ni por qué aquel anuncio fue diferente. Tan solo una breve convocatoria, a penas 5 o 6 lineas de texto, anunciando un concurso de relatos de una editorial desconocida llamada Jamais y situada en un pueblo sevillano. No supe hasta mucho después que esa era la puerta de entrada a la lista de posibles víctimas del señor Santiago Rojas, un "editor" embustero y sin escrúpulos que se ha beneficiado de la inocencia y las ilusiones de muchos noveles.
Unos meses después de finalizada la fecha de la convocatoria, y tras haber enviado un relato al certamen, recibí un sobre con un contrato proponiéndome la publicación de la obra en una antología de relatos de varios autores, previo pago por mi parte de los gastos (proporcionales) de edición. Si en aquel momento no hubiera sido estudiante y mis ahorros no se hubieran limitado al dinero que mi madre ponía en mi mano cuando llegaba el fin de semana, seguramente habría caído en la trampa y hoy me lamentaría de mi ingenuidad. Hasta un amigo, que por aquel entonces tenía un empleo de fines de semana en una gasolinera, se ofreció a prestarme el dinero, lo cual no quise aceptar.
Unos meses después, al no recibir mi respuesta, una mujer se puso en contacto conmigo por vía telefónica ofreciéndome la posibilidad de publicar un libro de relatos con mi nombre. Mi pidieron un nuevo relato que, ingenuamente, envié. Un tiempo después, la misma señorita volvió a comunicarse conmigo para confirmarme la propuesta la edición. La única pega era, como no, la inversión que yo debía hacer. Al decirle que no podía afrontar dicho pago, se ofrecieron a asumir la mitad de los gastos, que les serían devueltas por medio de un porcentaje de las ganancias que el libro produjera. Una vez más, mi insolvencia me libró de caer en las garras de estos desalmados, que no buscaban otra cosa que no fuera enriquecerse a costa de las ilusiones ajenas.
Con el tiempo supe de la mentira sobre la que estaba organizada Jamais, y de la clase de persona que era el señor Santiago Rojas Pulido. Los afectados llegaron a crear un grupo en msn con la intención de organizarse para tramitar las denuncias al susodicho.
En diciembre del año pasado, este personaje fue al fin llevado a juicio por incumplir el contrato que tenía con una escritora novel, tras 7 años de larga espera. Casi 3500 euros llegó a cobrarle, de los cuales solo una mínima parte se invirtieron en la edición de 500 ejemplares de la obra. Al parecer, Santiago podría pasar un año entre rejas (hecho del cual me alegraría).
Ya sé que todos los editores no son iguales, pero a una se le quitan las ganas de probar suerte, no sea que por ingenua caiga en las garras de uno de estos seres sin conciencia.